domingo, 20 de diciembre de 2009

Los pasaportes de Hierro y Haidar

José Hierro salió de su patria con veinte años de retraso sobre sus esperanzas (cfr. "El pasaporte", perteneciente a Libro de las alucinaciones). Su pasaporte se hizo esperar demasiado. Cuando acabó teniéndolo en su mano le da la bienvenida al documento y agradece por supuesto su presencia... Pero no puede evitar la nostalgia. Nostalgia por todo aquello que se consumió (sin haberlo consumado nunca). Nostalgia por todo aquello que no fue (y jamás será de nuevo): "Ya no es hora. Gracias/ de todos modos. Has llegado tarde./ Sé bienvenido con mi fotografía,/ datos y cifras personales,/ mi profesión, mi edad, mis tantas cosas/ olvidadas o desterradas".

Sus tantas cosas. Esas tantas cosas a las que suele matar el atropello. El pasaporte puede ser un simple formalismo burocrático (mero trámite anodino sin mayor connotación) o puede, bajo determinados regímenes y circunstancias, adquirir un significado que no admite comparación: "una orden de libertad/ que llegó veinte años tarde".
Para ilustrar la imposibilidad que acarrean algunas tardanzas, Hierro nos cuenta, como imagen, que hubo un niño que soñó. Soñó con un caballo de madera que la infancia no le regaló nunca. De mayor, cuando crece, quien fuera ese niño compró el juguete "para vengarse de los años". Tan inocente desquite resulta humano y comprensible, pero eso no niega la evidencia: "¡Qué tristeza/ este juguete que llega tan tarde!".

Y añade Hierro: lo peor no es que haya sucedido así, "sino que pudo suceder de otra manera". Entre las hojas de papel de su pasaporte quedaron muchas cosas "que ya no tienen realidad". Muchas cosas "que un día pudieron haber sido".
El pasaporte de Aminatu Haidar también llegará demasiado tarde. Es cierto que un salvoconducto de última hora propició su regreso a El Aaiún (y evitó un desenlace irreparable), pero su auténtico pasaporte -como el de Hierro- llegará con esa demora que siempre conlleva la injusticia.

Coda 1: Algunas personas -Hierro y Haidar entre ellas- han sabido sobreponerse a esos olvidos y detierros que implican injustas dilaciones. Coraje que ejemplifica el oportuno apunte de Gonzalo Sánchez-Terán: "La poesía es la distancia más larga entre un ser humano y su claudicación".
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Coda 2: Hierro (no Pedro ni Fernando, no el de la costura ni el balón) murió hace ahora siete años (21-12-02). Visor ha editado recientemente sus Poesías completas; un buen pretexto para su relectura o su descubrimiento. Un día, con más calma, lo retomaremos en este blog. Siempre es momento de toparse con su voz... porque siempre es momento de aprender con su palabra. Con José Hierro, de nacionalidad poeta, grato resulta el reencuentro.
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Coda 3: Artículo adjunto ("Si Hierro fuera futbolista"), publicado en Tribuna Universitaria, 19-25 de abril de 1999, pág. 3.