jueves, 29 de diciembre de 2011

El cese es eterno mientras dura

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“El amor es eterno mientras dura”, cantaba Ismael Serrano. Esa forma de entender la `eternidad´ me hace pensar en lo “definitivo” de algunos “ceses”. ¿Les suena, verdad? “Cese definitivo” fueron palabras empleadas por Eta en su comunicado de octubre. Los voceros de la `pacificación´ (desoyendo el resto de la sangrienta propaganda) convirtieron la expresión en el “fin de Eta”. Y tal salto se nos vendió como un hecho ya consumado e irrefutable. Recientemente, Eguiguren introduce la novedad de que no se pueden descartar atentados. Los mismos que han estado en campaña promocional de la añagaza, ahora nos descubren que quizá lo “definitivo” del cese –como el cielo de la película- tenga que esperar.

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Entrada completa (publicada en Tribuna de Salamanca el 28-12-2011), aquí.

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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Reformar pa ná es tontería


El debate de investidura de Mariano Rajoy nos ha brindado aprendizajes. No todos reconfortantes, eso sí. 

Rajoy no estaba ahí para “cosechar aplausos”, dijo. Pero enseguida evidenció que prefiere las lisonjas de Alfonso Alonso (portavoz de los populares en el Congreso), a las críticas argumentadas y constructivas. Enseguida evidenció, incluso, que prefiere la impotente oposición de Rubalcaba, antes –mucho antes- que las democráticas reivindicaciones de Rosa Díez.

Vaya, vaya. Rajoy estará muy sobradete con sus 186 diputados, pero le guste o no, por delante tiene una legislatura en la que va a tener que aguantar a cinco diputados de UPyD. Aunque se enfurruñe con UPyD tanto como ya lo ha hecho en la investidura, Rajoy tendrá que escuchar incluso aquello que preferiría desoír: propuestas a favor de la regeneración democrática, y propuestas para combatir la institucionalizada corrupción que no parece preocuparle.
 
Rajoy contó aquello tan bonito de que para él no va a haber “españoles buenos y españoles malos”, sino que seremos “todos iguales”. Bien está. El problema surge cuando Rajoy nos clarifica su extraño concepto de igualdad. Al parecer, una igualdad que no alcanza a las cuestiones electorales. ¡¡Minucias!!, pensará. A la hora de que el voto de los ciudadanos valga lo mismo (con independencia del partido al que voten y con independencia del lugar donde voten), a Rajoy se le marcharon pronto sus preocupaciones por la igualdad.

Cabía temérselo, pero por desgracia, incluso antes de alcanzar la presidencia del Gobierno, ya hemos corroborado la vigencia de ese brioso mensaje que abanderó el PP en campaña: “súmate al cambio”, comentaban con gracejo. Pues eso. Evidenciados quedan los `sumandos´.

Al igual que le pasa a Catalina con el arroz, aquellos ciudadanos que aspiren a la igualdad de voto y a una mayor proporcionalidad que la existente hoy en día, pueden aguardar con parsimonia. En su cruce dialéctico con Rosa Díez, Rajoy insistió en que la ley electoral vigente le parece “razonable”. Y el argumento del presidente resulta atronador: hubo una amplia mayoría que la respaldó (mayoría configurada por dos partidos que salen clarísimamente beneficiados por tal ley electoral), de modo que… ¡¡mejor no menealla!!

Pues eso. Por lo que se ha visto en la investidura, la regeneración democrática y el combate de la corrupción no le interesan al señor Rajoy. El nuevo presidente prosigue así la senda que viene sucediéndose a lo largo de las legislaturas. Es la senda Cruz y Raya: ¡¡reformar pa ná… es tontería!! 

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Artículo también publicado en Tribuna de Salamanca, 21-12-2011.

martes, 27 de diciembre de 2011

Las factorías del embaucamiento

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Las factorías del embaucamiento funcionan con fluidez en España: no pocos partidos, no poco electorado y no pocos medios han estado dispuestos a manufacturar interesados embelecos. Ese `bermudo triángulo´ se retroalimenta entre sí con desparpajo. (...)

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Entrada completa (publicada en Tribuna de Salamanca el 14-12-2011), aquí.

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sábado, 3 de diciembre de 2011

Los espectros (incluso los fantasmones) tienen límite

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¿Qué es para vosotros un héroe?”, pregunta el personaje de Ariadna Gil a sus alumnos. “¿Alguien que no se equivoca nunca? ¿O a lo mejor alguien que no se equivoca justo en el único momento en que uno no puede equivocarse? ¿Es el héroe un superhombre? ¿O es solo un hombre corriente? A lo mejor es alguien cuyo comportamiento es ciego y arriesgado… O como dice John Le Carré, hay que tener temple de héroe para ser, sencillamente, una persona decente”.

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El fragmento corresponde a la película Soldados de Salamina: película dirigida por David Trueba que se apoya, como es sabido, en la homónima novela de Javier Cercas. Ha sido inevitable recordar este pasaje al leer el artículo que firmaba Rosa Díez el pasado lunes: “San Jorge y el dragón”.

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Citando a Chesterton, Díez subrayaba la importancia de que los niños fuesen conscientes de que sus “ilimitados terrores”… tienen límite. Y ese aprendizaje (imprescindible para cualquier edad) nos abocaba a un determinado concepto de héroe. Héroes que nada tienen que ver con las mitificaciones ni los poderes sobrenaturales (por eso son valiosos y contemporáneos). Héroes que requieren de poco aspaviento y parafernalia (por eso merecen la pena).

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Los héroes que se desprenden del artículo (como los héroes hacia los que apuntaba la película citada) son, sin más, ciudadanos: nada más que ciudadanos, pero nada menos que eso mismo. Ciudadanos `optimo iure´. Ciudadanos en el sentido más pleno de la palabra. Ciudadanos dispuestos a ejercer como tales. Ciudadanos implicados. Ciudadanos con coraje democrático suficiente… como para plantar cara al abuso, al desenfreno y al desbarre.

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Por todo ello quiero también rememorar una intervención de Gorka Maneiro. Hace cosa de un mes, el Ayuntamiento de San Sebastián (comandado por Bildu) denegó a UPyD la posibilidad de tener uno de sus habituales debates en la calle. Al final, tras el correspondiente recurso, a UPyD le dieron un emplazamiento diferente al inicialmente solicitado. Un emplazamiento con hostiles connotaciones, pero lo cierto es que el acto acabó celebrándose. Quizá los Bildu presupusieron que agitar fantasmales sábanas lograría intimidar a las convicciones democráticas. Quizá los Bildu no contaron con que haya partidos dispuestos a defender cuestiones tan básicas como que a los demócratas no se les puede apartar, de manera sectaria, de la plaza pública.

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En ese encuentro cívico y de calle, el parlamentario vasco de UPyD apuntaba algo de enorme sensatez: “Este no es un acto heroico. No es un acto valiente. No es un acto extraordinario. Este es un acto normal. Porque normal es (o debería ser) hablar de política. No somos valientes ni heroicos. Somos, simplemente, ciudadanos comprometidos (…), que seguimos pensando que la política y el compromiso público es la mejor manera de servir a los ciudadanos y buscar el interés general”.

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Así de sencillo, así de verdad. Tanto los espectros de afán totalitario, como los espectros a quienes les hubiera gustado convertir la democracia en un chiringuito caciquil y clientelar, saben –desde las elecciones del 20N- que hay un millón ciento cuarenta mil doscientos cuarenta y dos ciudadanos… dispuestos a no conformarse frente al deterioro democrático. Ciudadanía consciente de que los “ilimitados” espectros (incluso los “ilimitados” fantasmones)… tienen límite.

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[Artículo publicado en Tribuna de Salamanca, 30-11-2011].

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